miércoles, 21 de noviembre de 2007

UN NUEVO GUÍA. Por: Korina Daza, Pre-Guía

Es casi siniestro el tener que articular un texto en realidades tangibles, cuando éste en el fondo se escribe en, a mi juicio, lo innombrable; es casi absurdo decir felicidad, y saber que para los otros, no existe la misma connotación que hay en la mente de quien la escribe, pero para ser sinceros, es más escaso de razón no intentar expresar un sentimiento que se siente es importante, y que en este caso, según el público al que va dirigido, puede ser comprendido.

Cuando se habla de un proceso de formación para ser guía de Encuentros de Promoción Juvenil, se habla de un grupo de personas, y con estos, de ideologías, saberes, sentires y expresiones; se habla de relaciones de poder y de igualdad, de la reunión en pro de un objetivo; se habla de la potencialidad de la “Civilización del Amor” y con ésta la realización de la vocación de todo ser humano, ser feliz, donde si se entiende el tiempo vivido, se nota está cargado de enseñanzas y de experiencias, de conflictos y de alegrías, de múltiples sentires dicotómicos que paradójicamente pueden mostrar lo multifacético de los seres, y que nos instruyen, en que tanto en la diferencia como en la igualdad está el progreso, y que en el hecho de que cada uno sea único en su ser, es un elemento que se torna sumamente valioso para la configuración del sueño personal y del colectivo, pues en el momento en que esto se descubre la tranquilidad, la pasión, el esfuerzo, lo taciturno, la fortaleza, la ternura y demás características que pueden identificar a cada uno.

Empiezan a maquinar diferentes escultores de sueños, diferentes fábricas de amor y de hombres nuevos, diversos acordes que con sus tonalidades, si se saben y se dejan conjugar, pueden crear una melodía casi perfecta que tenga como director a Dios y cómo público a la humanidad, a esa humanidad, más específicamente joven, que considera haber sido arrojada fortuitamente sin esperanza, que cree estar desamparada y se encuentra razonablemente angustiada, pues su ser comparte aquella frase sartreana que dictamina “Todo lo que existe nace sin razón, se prolonga por debilidad y muere por casualidad”, y allí, en esas concepciones, es en donde toma significado la labor que se está desarrollando, pues cada quien entiende que en alguna ocasión de su vida tuvo pensamientos de este tinte, o quizás peores; cada quien sabe que es estar ante la nada y sentir la soledad pulsando sobre la espalda, cada quien sabe el significado de un problema y no tener nadie que esté allí para ayudarle, pero también cada quien es consciente que después de su encuentro vivido, varias de estas percepciones y situaciones empezaron a cambiar y que “el dedo oculto de la esperanza” anuncia que mañana puede ser mejor que hoy, que existe ese estado de plenitud, que el dolor no es una constante y que el egoísmo no debe reinar, así que el sentir es querer compartir todo ese amor que fue trasmitido, para de este modo lograr que crezcan tanto el tú como el yo, y se configure una mejor sociedad en redes de amor.

Así las cosas, y para ir concluyendo, son necesarios resaltar cuatro últimos conceptos, que por extrañas e inexplicables razones, consideraría rondan la cabeza de los asistentes a este proceso, los cuales son la alteridad, la coherencia, la capacidad de improvisación y la oratoria, que aunque ya han sido excesivamente trillados, no hay porque negar se convierten en verbos rectores de la oración de ser guías, y parámetros que de igual modo, ayudarán en el desenvolvimiento de la cotidianidad de cada uno. Ahora para cerrar, retomando todo lo anterior, considero importante agradecer a Dios por esta oportunidad y a todas las personas que hicieron posible esta experiencia, pues aún cuando esto suene casi cliché, es una frase que no se puede dejar de componer, porque es casi imposible no sentir gratitud por todas esas personas que han aportado a que nuestros sueños en encuentro no mueran, y si se consoliden de la mejor manera.